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Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

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Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor E.I.S. » Lun Ago 01, 2011 10:24 pm

Alguien me compartió esto hoy, pero fue escrito el miércoles 27 de abril de 2005

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor fanáticomaniático » Lun Ago 01, 2011 10:31 pm

E.I.S. escribió:Alguien me compartió esto hoy, pero fue escrito el miércoles 27 de abril de 2005

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor cap.smoker » Mar Ago 02, 2011 12:22 am

Sí, yo también los envidié y deseé estar en el lugar de ellos. :(
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor Pty000 » Mar Ago 02, 2011 1:08 am

Muy lindo y cierto esto.
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor strangerinmyhouse » Mar Ago 02, 2011 8:25 pm

Brillante!!!
Merece la pena leerlo todo todito todo. Ojalá que a nadie se le ocurra pedir un resumen.

:thumbup: :thumbup: :thumbup:
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor Ivan Volkov » Vie Ago 05, 2011 7:41 pm

Me gustó el texto en general. Me quedo con este pedazo: "Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha."

¿No es acaso el ir solamente a la discos de ambiente un tipo de autodiscriminación? No quiero entrar en una discusión respecto a esto en verdad por motivos personales...

Saludos,

Cold_Fire
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor Sesshomaru » Sab Ago 06, 2011 4:09 pm

Ivan Volkov escribió:¿No es acaso el ir solamente a la discos de ambiente un tipo de autodiscriminación? No quiero entrar en una discusión respecto a esto en verdad por motivos personales...

Saludos,

Cold_Fire


Podrías abrir un thread al respecto.. y te contesto lo que pienso..


Con respecto al post (y tema) yo pienso que hoy, ya no es como antes.. y cada vez más vemos a parejas de hombres no necesariamente obvios, comprando en el super.. tomándose un café o en algún mall... y que son parejas o están en "trámites de serlo"... La verdad es que ya, latinoamérica, no es como antes.. existe muchísimas libertades, para una pareja gay, siempre y cuando se mantenga en orden con respecto a la sociedad.. Es cierto, siempre habrá las burlitas en la espalda.. o los comentarios fuera de foco... pero yo me quedo con este pensamiento:

Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo.

Y le diría.. no hay necesidad de sentir envidia.. simplemente es una aceptación integral de tí y de tu mundo, y poner en perspectiva lo que debe funcionar en él. Somos humanos, tenemos defectos, los demás también.. siempre que vivamos con respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás, entonces, podemos exigir el respeto que nos merecemos.. Mientras... simplemente o ser sangre fría, o que le valga #shit..

PD: La envidia no es buena, mata el alma y la envenena - El chavo del 8.
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor bearny » Sab Ago 06, 2011 4:49 pm

:inlove:

aqui deberian poner el boton de "me gusta"!

es cierto y casualmente ayer hablaba de eso, creo que simplemente es cuestión de vivir tu vida, ya si quieres ser la generalizada loca bullera, pues bien...alla tu, y si quieres ser un gay serio por asi decirle, pues bien tambien, siempre y cuando no afectes a quien te rodea, la vida es tuya y la felicidad que le quieras introducir a ella es solo cuestion y responsabilidad propia :)
NA - DA !!!!!!
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor LoboGris » Sab Ago 06, 2011 5:59 pm

No me gusta ser rompe grupo pero cada vez que intento leer el post que dejó E.I.S. no lo termino porque me da sueño... :zzz: sorry :pena:
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Re: Amor Gay, por Arturo Perez Reverte

Notapor JEV^ » Dom Ago 07, 2011 12:51 am

LoboGris escribió:No me gusta ser rompe grupo pero cada vez que intento leer el post que dejó E.I.S. no lo termino porque me da sueño... :zzz: sorry :pena:


Te apoyo Lobito, ese texto lo lei hace años me gusto en aquel entonces, pero ahora lo trato de leer y nada, me da peresa :pena:
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